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LA VERDAD SOBRE LOS MAESTROS Y LOS DISCÍPULOS

Voy a abordar una de las cuestiones que más polémica suscita entre aquellas personas que en Occidente buscan la iluminación espiritual, la expansión de la consciencia: el papel que el Guru desempeña en dicho proceso.

Muchos dicen “No necesitas un maestro. Tu eres tu auténtico maestro. Dentro de ti tienes al maestro interior que te guía. Y la vida con sus enseñanzas es más que suficiente”

Y sin embargo, el maestro o Guru es absolutamente necesario para el desarrollo espiritual sostenido del discípulo. Sin un guía adecuado es muy difícil acceder a la experiencia espiritual objetiva de manera sostenida.

Pese a todo, hoy en día, es prácticamente imposible encontrar desde una punta a la otra del planeta una autentica relación maestro-discípulo. Por todas partes encontramos maestros y discípulos de diferentes disciplinas trascendentales que si examinamos de manera cuidadosa no están compartiendo nada trascendental.

¿Cuál es la realidad que se esconde detrás de todo esto?

En su Gita, Krishna explica en pocas palabras cual es la relación perfecta entre el Guru y el discípulo.

 

Diksa (ILUMINACIÓN) sucede cuando intentas entender la espiritualidad a través de una persona sabia que ha experimentado la realidad de la consciencia y de la percepción. Esa persona puede iluminarte si das tu conformidad y realizas de manera servicial una investigación con rigor.

 

En el párrafo se explica, por un lado cual es la naturaleza esencial de un Guru y por otro cómo un discípulo debe comportarse en dicha relación.

El texto dice que un auténtico maestro de conocimiento es una persona que ha experimentado la realidad de la consciencia y de la percepción. Alguien que ya ha alcanzado un grado de claridad mental o iluminación.

En Occidente se valora mucho el conocimiento aunque se confunde con la erudición intelectual, es decir con un cúmulo de información que ignora la experiencia directa. Krishna de manera explícita dice que el maestro debe ser tattva-darsana, que literalmente significa “ver la realidad”, lo que quiere decir que el maestro debe experimentar de manera directa aquello que enseña y no de manera teórica.

Es verdad conocida en los círculos herméticos que nadie puede dar aquello que no tiene. Un maestro puede transmitir su vibración espiritual y guiar al discípulo por un camino que el personalmente ya ha transitado.

Sin embargo, hoy en día existen cientos de maestros que se mueven en la teoría y que buscan tener un gran número de discípulos con finalidades oscuras.

¿Ves la diferencia que existe entre un futbolista y un comentarista deportivo que jamás ha realizado entrenamiento deportivo, posee un sobrepeso de 30 kg y nunca ha jugado un partido de futbol?

El comentarista conoce anécdotas, la vida íntima de los jugadores, recita alineaciones de memoria y hasta parece ser un experto en sistemas futbolísticos, dando lecciones a diestro y siniestro, en los programas radiofónicos y de televisión. Y sin embargo, ¿te pondrías en sus manos si quisieras llegar a ser un futbolista profesional?

Si piensas que un maestro no es necesario, ni siquiera lo buscarás, pero si lo considerases imprescindible podrías buscarlo y aun así no sería tarea fácil. Deberías luchar contra la imagen irreal que tienes asentada en tu mente de lo que debe ser un maestro. A este respecto hay que decir que la intuición es determinante y siempre triunfa cuando el discípulo desea con ardor alcanzar el conocimiento y está guiado por un sentimiento de nobleza.

¿Cómo es un maestro? ¿Cómo reconocer a un Guru? ¿Cuáles son las características que lo definen?

El mayor problema a la hora de encontrar un Guru o maestro se encuentra en las propias creencias internas del individuo sobre cómo debe o no debe ser un maestro. Otra de los grandes impedimentos del estudiante es su creencia de que ya posee un grado de maestría lo suficientemente elevado como para no necesitar maestro alguno o incluso la creencia de que los maestros no son necesarios ya que el maestro interno de cada uno es suficiente para tal labor. Es por tal razón que el maestro solo puede ser visible por aquellos individuos que son guiados por una especial intuición, o que ya poseen un grado de refinamiento espiritual suficiente como para poder percibir la presencia del maestro. Podría estar delante de ti y no lo verías de la misma forma que un invidente no puede ver un autobús delante de él. De ahí surge el dicho de que “cuando un discípulo está preparado, entonces aparece el maestro”.

Ahora bien, te planteo la siguiente reflexión que solamente tú puedes responder en la sinceridad más absoluta…

¿En estos momentos crees que eres un maestro? ¿A que distancia te encuentras de esa imagen que has diseñado en tu mente de lo que debe o no debe ser un maestro?

Una vez que hayas respondido a estas dos cuestiones, de su respuesta se derivan consecuencias.

Si la respuesta a la primera pregunta es afirmativa, entonces deberías conocer de manera objetiva la respuesta a la segunda pregunta. Pero si todavía no has llegado a ese grado de maestría a la que aspiras, se abre una nueva puerta en forma de pregunta que también debes responder en el santuario interno de la sinceridad.

¿Crees que alguien que todavía no ha llegado al grado de maestro puede decir cómo es y cómo actúa un auténtico maestro o Guru?

¿Es posible para un no maestro entender los comportamientos de un maestro? ¿Es posible para un simio entender los comportamientos de un homo sapiens sapiens?

La mayor parte de la gente lleva incluido en su programa cerebral ideas preconcebidas de cómo una persona con ciertos grados de maestría se comporta. Y sin embargo no lo encuentran. Y la causa es esa idea preconcebida que no les permite ver la realidad.

Es humilde…es sincero…no es prepotente…no es mentiroso…no es agresivo…etc.

Ahora bien, ¿cómo sería un ser así? ¿cuál sería su denominador común?

Un auténtico maestro o Guru se encuentra en un grado de mayor proximidad con la Fuente Central, de mayor proximidad con el Ser Universal, de mayor cercanía con el Todo o Tao.

¿Y crees que puedes definir y comprender al Todo, a Dios, con baremos humanos?

Y si no puedes definir a Dios, ni comprender en muchos momentos sus actos, ¿puedes definir con baremos humanos y comprender las actuaciones y comportamientos de alguien que se aleja del común de los humanos para acercarse en cierta medida a Dios, al Todo?

Hoy en día uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el estudiante es su voracidad en coleccionar enseñanzas y técnicas de diversas procedencias. Piensan que de esta forma están en el sendero adecuado. Y sin embargo es más perjudicial que provechoso ya que coleccionar fragmentos deslabazados fuera de contexto hace que pierdan su significado y la verdad que pudieran contener para transformarse en mentira.

Esto sucede especialmente desde que llego internet en donde la sobreabundancia de información produce el efecto contrario: desinformación. De esta forma, el estudiante continua caminando por el desierto de manera circular, regresando una y otra vez a los mismos lugares espirituales, en un movimiento aparente que no lleva a ninguna parte... moviendose y girando en la rueda de Samsara.

 El Discipulo es alguien que busca alcanzar esa misma experiencia de iluminación a través del sabio maestro y que cumple tres condiciones en la relación:

1º) Conformidad o sumisión. La actitud es esencial por parte del discípulo y debe de ser receptiva, humilde y de obediencia.

2º) Investigación rigurosa. El discípulo debe tener una mente abierta que cuestione las cosas, preguntar desde diferentes ángulos e intentar poner en práctica las enseñanzas.

3º) Servicio. El discípulo debe ser servicial y útil.

Algunos creen que son discípulos porque pagan una cuota mensual, o porque cambiaron su nombre occidental por uno en védico, o porque les pusieron una marca en la frente…

Ya están salvados… ya están iluminados…

 Ya pueden tener discípulos…

Y seguimos girando en la rueda de Samsara

La realidad es que así como la paella necesita arroz, verduras y pollo, ser discípulo requiere sumisión, investigación y servicio. Si falta uno de los ingredientes ya no es una paella…si falta uno de los requisitos ya no es un discípulo.

Por ejemplo, puedes pagar por las enseñanzas o como es tradicional en Oriente dar alimento al maestro, pero si no planteas preguntas y careces de interés en cambiar tu vida… no eres un discípulo.

Si esperas que el maestro responda todas y cada una de tus preguntas con celeridad sin pagar nada a cambio… tampoco eres un discípulo. Todos los ingredientes van perfectamente combinados: deseo de cambio, investigación y sumisión.

Si preguntas una cuestión pero no escuchas de manera cuidadosa la respuesta, como si tu vida fuera en ello tampoco eres un discípulo… Una escucha atenta al maestro tendrá como consecuencia nuevas preguntas y una aplicación práctica a tu existencia. Si no escuchas atentamente es porque realmente no te importa lo que dice.

La gran mayoría de personas busca un maestro que ratifique y justifique las creencias, opiniones y convicciones que ya tienen en su programa cerebral de la especie. El resultado de todo esto es que cuando, más tarde, dichos discípulos se convierten en instructores, estos se convierten en correa de transmisión de una enseñanza completamente adulterada o incompleta.

Y de esta forma se va extendiendo la desinformación y corrompiendo la cadena de enseñanza.

Todo esto ilustra el peligro que subyace en preguntar y cuestionar sin humildad y obediencia.

Ahora echaremos una mirada al peligro que subyace en la obediencia sin pensamiento crítico, ni preguntas. Es el origen de los cultos y de las creencias religiosas.

¡Sigue al líder sin cuestionarlo. Ten fe ciega en el!

En las doctrinas religiosas la sumisión y la fe son la muestra y la prueba del avance espiritual.

Hoy en día el culto y el glamour de la fe ciega al maestro florecen como nunca, ya que sirven para ocultar la ineptitud de los falsos maestros. Demasiadas preguntas expondrían su ineptitud mientras que la fe no genera esos problemas. Así que aquellos estudiantes que cuestionan todo son ridiculizados.

El mundo está lleno de discípulos sin brillo y maestros que les animan a seguir así. 

                  Jesús Cediel Monasterio